Nuestra particular y romántica leyenda sobre Cantabria

De los amores, los besos y abrazos entre un bravo Mar, y una indómita Montaña, nació su hija, le pusieron por nombre, Cantabria.

Sus hermanos, los Ríos y las Vegas junto a ella disfrutaban, bañados cada día por los lloros de sus primas, las Nubes, o las sonrisas cariñosas de su tío, el Sol, que desafiaba a su amada, la Luna, cada atardecer, en su costa escarpada.

Cantabria, en un día despejado y con el trinar de los pájaros, se enamoró del Viento del Norte, en un romance cantado, entre resaca de olas y hogeras en la playa.

Montaña y Mar

Y sus hijos, los Valles, y las Colinas, crecían verdes y ricos, y se abrigaban con los mantos de su bisabuela, La Cordillera, coronada de armiño blanco, majestuosa, que con cariño, cada noche los arrullaba.
Ella, contaba historias para acunarlos, sobre Estrellas Doradas, riquezas de su marido, el Cielo Oscuro, cerca de la lúmbre, y miraba con añoranza cómo de sus antiguas arrugas, aparecian sus descendientes, las Playas de Arenas blancas, a los pies de sus hijos, los Acantilados, que a veces se ponían aríscos, con sus parientes Las Olas, y las Galernas para hacerles frente, en una lucha eterna de danza, por saber quien es más fuerte, juguetones y fanfarrones, se cruzaban las miradas.

Sus hermanas, las Vegas verdes, alimentaban a las gentes, que se reunían para celebrar cada cosecha de su tierruca, y cantaban y bailaban al ritmo de su folclore, con músicas de rabel y gaita, y el retumbar de albarcas en sus callejucas y balcones. Alegraban sus vidas con todas las flores y plantas que aquella amable Cantabria, les otorgaba, amable y generosa en su dádiva.

Para celebrar cada día su pasión, la pequeña Cantabria, unos días a sus habitantes nos regala amor, y otros nos cede nostalgia, para no aburriirnos debe ser, pero en cada paso que da, asiente con el orgullo de sus ancestros, y canta sobre lo que es, sobre su orígen, toda Verde y Azul, toda Mar y Montaña.

Disfrutando de lo nuestro, así lo contamos, cómo nos lo contaron nuestras güelas, para dormirnos en la siesta.