La Abadía de Santa María de Viaceli

A medio camino entre Comillas y Santillana del Mar, se levanta el monasterio cisterciense de Santa María de Viaceli. Habitado por una treintena de monjes, el monasterio se creó en 1889, cuando a la muerte del último miembro de la ilustre familia cántabra de los Bernaldo de Quirós, éste dispuso como su última voluntad que su mansión solariega fuese destinada a una comunidad de religiosos trapenses, para que se dedicasen a la enseñanza agrícola «con arreglo a los adelantos modernos». 

Como el tenor del testamento no dejaba suficientemente claro si su deseo era crear un monasterio o una especie de escuela en la que se impartieran conocimientos agrícolas entre las gentes más pobres de la comarca, se inició un largo trámite legal que se alargó hasta 1903, año en el que, por fin, se permitió la fundación, produciéndose la llegada de los primeros monjes originarios de la francesa abadía de Santa María del Desierto, al año siguiente. 

Siguiendo la Regla de San Benito, que alienta a acoger a quien acuda en busca de consuelo como si de Cristo se tratase, los monjes de Santa María de Viaceli abren hospitalariamente sus vidas y sus puertas a cuantos busquen en la hospedería que los monjes mantienen la paz y el silencio que no les es posible encontrar en otros lugares. 

OFICIOS. El viajero que lo desee puede acudir a los oficios —como los maitines (a las 4.45 horas) y vísperas (a las 18.45)—, si bien una vez dentro, los visitantes deben respetar unas reglas de estancia, como la desconexión de los teléfonos móviles, o evitar, en lo posible, las visitas turísticas a los alrededores y las estancias excesivas en la tan pequeña como recoleta playita que se encuentra a menos de un kilómetro del cenobio. 

Además de sus ocho habitaciones dobles y nueve individuales, el monasterio, preparado para recibir a personas con discapacidades físicas, cuenta con un pequeño albergue para grupos y, durante los meses estivales, con unas instalaciones más amplias destinadas a recibir a grupos numerosos. Orgullo de los monjes es el atender a su sustento con su propio trabajo y, como parte de él, la comunidad se afana en la elaboración tradicional y artesana del queso Trapa, famoso en toda la región, al que el visitante haría muy bien en no olvidar y hacer los honores mientras dure su estancia en el cenobio.


La Abadía de Santa María de Viaceli