Rionansa

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En la comarca Saja-Nansa, recorrido por el río que lleva su nombre, se localiza el municipio de Rionansa, cuyos escasos 1.300 pobladores habitan un amplio territorio, de casi 120 km2, que está incluido en la Reserva Nacional de Saja. Pese a sus 120 m de altitud en la zona septentrional, llega a alcanzar una cota máxima de 2.046 metros en el Cornón, pico más alto de la Sierra de Peña Sagra.

El núcleo de Puentenansa, a 73 km de Santander y 200 m sobre el nivel del mar, ostenta la capitalidad municipal. Ubicado en el centro del término, confluyen en él las vías que atraviesan el valle, desde Polaciones, en la parte alta, hasta Val de San Vicente y su costa, con las que comunican los vecinos valles del Saja, al este, y Liébana, al oeste.

La ocupación humana en la zona arranca del periodo prehistórico, como está documentado en algunos de los más importantes yacimientos paleolíticos de Cantabria. Destaca la cueva de Chufín, donde se han documentado algunas muestras de arte rupestre en forma de pinturas y grabados que representan caballos, cérvidos y bóvidos, además de otros animales y figuras abstractas. En otras cavidades, como las de Micolón y Porquerizo, se han encontrado, además de representaciones artísticas similares, restos líticos y óseos del Paleolítico.

Uno de los mayores reclamos turísticos de la región, sin embargo, lo constituye el santuario de San Sebastián de Garabandal, construido en el lugar donde la Virgen se apareció a cuatro niñas a principios de los años sesenta para darles unos mensajes. La intensa difusión del suceso que se produjo en aquella época ha supuesto que aún hoy lleguen multitud de peregrinos y devotos al lugar, y no sólo de zonas cercanas, sino de países de todo el mundo.

Ayuntamiento de Rionansa

Este característico municipio cántabro, tiene una marcada personalidad que se plasma en el paisaje,  cuyo aspecto resulta de la unión de la mano del hombre con la naturaleza: los pueblos con sus  magnificas casas de estilo montañés rodeados de mieses y alguna pequeña repoblación forestal en el fondo del valle, mientras que a medida que ascendemos hacia las cumbres, éstos dejan paso a las sierras, brañas y bosques autóctonos de roble y haya, formaciones que alcanzan su máxima expresión en la sierra de Peñasagra. En el subsuelo aparecen algunos tesosoros, como las Cuevas del Soplao, Chufín y Micolón.